Esto no es el sitio de una persona ni de una empresa. Es el catálogo vivo de las ideas que corren en un servidor: sistemas con IA, automatizaciones que trabajan mientras nadie mira, productos web en producción y experimentos que todavía no saben lo que van a ser.
La idea rectora: la IA no es un chat para mirar, es mano de obra. Cada uno de estos sistemas usa modelos de lenguaje, voz o video para resolver un problema concreto, todos los días.
Portal de propiedades donde la búsqueda se hace conversando: la IA interpreta lo que la persona quiere y lo traduce a consultas sobre la base de datos real de la inmobiliaria.
Dos líneas automatizadas: un chatbot que atiende consultas desde el botón del sitio, y un panel compartido donde los agentes humanos toman la conversación cuando hace falta. Bot y humano conviven.
El servidor se opera conversando: agentes de IA con memoria persistente y "skills" propias despliegan, migran DNS, monitorean y documentan. Esta página es obra de uno de ellos.
Cada día, un proceso lee las tendencias de búsqueda y video de Argentina y redacta prompts listos para generar clips animados con modelos de video generativo.
De la tendencia del día a un video de diez minutos, sin manos: escribe el guion, lo narra con voz sintética, le busca imágenes de bancos de uso libre, le incrusta subtítulos y lo deja listo para publicar. El motor que redacta es intercambiable y cae en cascada —si el primero se quedó sin cupo entra el siguiente— porque el aprendizaje del mes fue ese: una herramienta sin crédito no falla, se cuelga, y un proceso que espera para siempre es peor que uno que se rompe.
Este mes la fábrica cambió de producto: los videos largos promediaban dieciséis vistas y los cortos de Fórmula 1, cientos o miles, así que los largos se suspendieron y la línea hace ahora cinco shorts por día a partir de las actas de la FIA y de la previa de cada Gran Premio. Las voces salieron de un casting propio —muestras lado a lado, elegidas de oído— y rotan entre cinco para que el canal no suene siempre igual.
Editor en el navegador: se sube un clip, se recorta, la voz se transcribe con Whisper y se exporta con subtítulos incrustados. Sin instalar nada.
Quitar el fondo de una foto, recortarla con la proporción de cada red, girarla, borrar a mano o cambiar un color por otro —una firma en birome azul pasada a negro y con el papel transparente, lista para pegar—. Lo llamativo es dónde corre: el modelo que separa la figura del fondo se descarga una vez y trabaja dentro del navegador, así que la imagen nunca sale del teléfono o la computadora de quien la edita. Sin cuenta, sin servidor que guarde nada.
Los 38 proyectos del servidor indexados en un grafo de ~21.800 nodos: funciones, clases y sus relaciones, navegables desde el navegador. El mapa del territorio — y la animación que viste arriba.
Sistemas que corren solos, por cron o por eventos, y avisan cuando encuentran algo. La mayoría nació de una pregunta simple: "¿y si esto se revisara solo?"
Lee el Boletín Oficial todos los días, detecta licitaciones y normas que pueden ser oportunidades de consultoría, y las manda por mail. Un lector incansable de letra chica.
Arreglado este mes: el Boletín a veces publica tarde y mientras tanto contesta con una página vacía, sin dar error. Ahora se lo reintenta varias veces por día y una marca por fecha asegura que el correo salga una sola vez. Distinguir "todavía no está" de "está roto" era la mitad del trabajo.
Y en septiembre dejó de ser un lector solitario: ahora es uno de cuatro radares con suscripción abierta (la tarjeta de al lado), y tiene un hermano interno que sigue las designaciones de funcionarios que salen publicadas cada mañana.
Quien vende servicios al Estado o a los organismos internacionales tiene que revisar una docena de portales que no se hablan entre sí. Estos radares los leen todas las mañanas: el Boletín Oficial; siete portales de compras públicas —Nación, Ciudad y provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Río Negro y Salta—, con las contrataciones directas que el Boletín no publica; las oficinas de habla hispana del PNUD, separadas en consultor individual y empresa; y el Banco Mundial más el resto de las agencias de la ONU. Cada suscriptor deja su lista de palabras y recibe un único correo diario, sólo si apareció algo que le sirve. La lista de portales no se inventó: salió de revisar uno por uno treinta registros de proveedores.
Sigue la evolución del ICC (INDEC) y estima el valor del m² de construcción en pesos y dólares, con datos oficiales actualizados automáticamente.
El número existe en dos publicaciones oficiales que casi nadie cruza: la Ciudad publica el valor del m² y el INDEC el índice por capítulos. Ya no vive sólo puertas adentro: la serie completa, en pesos y en dólares, por tipo de obra y con un correo opcional cuando sale el dato nuevo, está publicada en el portal de contenidos, y la inmobiliaria la ofrece como novedad a quien piensa comprar un lote o refaccionar.
El hermano interno del radar del Boletín. Cada mañana lee la Primera Sección del Boletín Oficial nacional y el de la Ciudad, separa cada acto que designa a alguien y lo deja en una línea: quién, qué cargo, qué área, desde cuándo y con qué norma, ordenado por jerarquía. Lo que no es novedad —las prórrogas de una designación transitoria, que renuevan a la misma persona cada 180 días hábiles, los ceses y las renuncias— se cuenta pero no se lista. No tiene versión pública: el enlace cuenta la idea.
No hace ping: abre los sitios con un navegador de verdad (Playwright) desde GitHub Actions, como un visitante humano, y registra el resultado en un panel propio.
Y por abrirlos como un humano también ejecutaba las etiquetas de publicidad y analítica: en treinta días se había anotado 20.444 páginas vistas propias contra 82 visitas de personas de verdad. Los anuncios ahora sólo cargan si del otro lado no hay un navegador automatizado. Medir algo puede ensuciarlo.
La versión pública y liviana de la idea anterior: cualquiera le pasa la dirección de su sitio a un bot de mensajería y Vigía la mira cada cinco minutos. Si deja de responder avisa, y vuelve a avisar cuando se recupera. No pide registro, contraseña ni correo —el identificador es la propia conversación, así que no se guarda ningún dato de nadie— y sólo escribe cuando algo cambia: un monitor que habla todos los días se silencia a la semana.
Los datos de una carrera de Fórmula 1 dejan de emitirse unos veinte minutos después de la bandera a cuadros, pero los comisarios siguen resolviendo mucho después: sanciones, apelaciones, interpretaciones del reglamento. Un proceso horario busca esos documentos en el sitio de la federación, los traduce del inglés y publica cada uno junto al original en PDF. Van 91 en lo que va del año — decisiones que, si no se las va a buscar, no aparecen en ningún lado.
Plataforma completa de paper trading: recolector de mercado, generación de señales, ejecución simulada y un auto-tuner que recalibra la estrategia cada hora. Aprende sin arriesgar.
Este mes se mudó de una máquina auxiliar al servidor central y ya mira más de cuatrocientos pares. Antes de la mudanza dejó una lección: un error de contabilidad vació la cuenta de práctica y los frenos no lo vieron, porque miraban la ganancia realizada y no el patrimonio. Ahora la red de seguridad tiene seis capas, y las nuevas miran cuánto queda, no cuánto se ganó.
Respaldo completo y extracción de fotos de varios iPhones, disparado a demanda o por agenda, directo al almacenamiento del servidor. Cientos de gigas que se cuidan solos.
Plataforma propia para medir: campañas, series que repiten la misma pregunta en el tiempo, seguimiento de leído, clic y respondido, baja en un solo clic y lectura automática de los rebotes. Los envíos salen dosificados y al azar para no atropellar los límites del correo — mandar bien es un problema de ingeniería, no un botón.
Contactos normalizados desde distintas fuentes en una base única, con búsqueda y exportación. Sin suscripciones, sin límites artificiales: una tabla bien hecha.
Sitios y herramientas en producción real: comercios, instituciones, un manual técnico rescatado del papel y plataformas que atienden gente todos los días.
El manual completo de un Dodge Coupé clásico, extraído de PDFs escaneados y convertido en un sitio moderno con búsqueda de texto completo. Preservación digital con motor de búsqueda.
Varios sitios de rubros distintos —consultoría, inmobiliaria, comercio, educación— viviendo en el mismo hosting y operados desde un solo lugar: dominios, certificados, respaldos y despliegues. Un solo operador para toda la flota, que es la única forma de que no se caiga ninguno.
El sitio de una inmobiliaria real, entero: buscador con filtros, fichas de propiedad que se descargan en PDF, páginas propias por barrio y por zona de costa, y un chat comercial que entiende la consulta y la deriva al agente que corresponde según zona y tipo de operación. Se instala en el teléfono como app. Detrás, un CRM propio donde toda persona —dueño, inquilino, garante, interesado— es un mismo registro con su historial de conversaciones.
La casa digital de una consultora de investigación con más de doce años de trabajo: programas de gestión pública financiados por organismos multilaterales de crédito, ejecutados en varios países de la región. El sitio ordena esa trayectoria —programas, publicaciones, registros de proveedores— para que se pueda recorrer sin que nadie tenga que explicarla.
Un sitio usado como banco de pruebas: guías largas y detalladas, producidas en serie y optimizadas para búsqueda, con una apuesta concreta detrás — que el tráfico orgánico se convierta en ingreso pasivo. La pregunta que responde no es si se puede escribir a escala, sino si eso llega a sostenerse solo.
Este mes dejó de ser un gestor de contenidos y pasó a ser un sitio estático que se arma de un tirón y se sube entero; y de paso se convirtió en el domicilio de los demás: los proyectos que vivían sueltos en direcciones prestadas se mudan de a uno a su propia carpeta acá adentro. Un dominio que alguien conoce vale más que ocho que no conoce nadie.
En septiembre la mudanza siguió y el portal ya aloja la telemetría de F1, la guía keto, el juego de Truco, el simulador de examen, el editor de imágenes y la guía del voto en el exterior, todos con la misma barra y el mismo pie. Y estrenó un formato: el diagnóstico de un caso real contado de punta a punta, sin datos de nadie, para quien busque la misma falla.
En octubre sumó dos maneras de mirar la tele argentina —un muro con los canales de noticias en vivo y un catálogo gratuito de canales, películas y series— y una sección de proyectos con una ficha corta por cada sitio de la casa que vive en su propio dominio: qué resuelve, para quién y dónde está. Es la parte del plan que más importa, porque lo que traba al portal no es el contenido sino que nadie lo enlaza.
Reemplazo de sitios pesados por versiones estáticas, rápidas y sin mantenimiento: mismo contenido, una fracción del peso, cero base de datos que hackear.
Generador de borradores para publicaciones de marketplace: título, bullets, descripción y recomendaciones SEO, listos para revisar antes de publicar.
Ahora también sigue lo que pasa después de publicar: las campañas de publicidad dentro del marketplace, semana a semana, contra la economía real de cada unidad vendida —cuánto deja después de comisiones y logística, y a partir de qué gasto en anuncios se pierde plata—. Un listing lindo que vende a pérdida no es un éxito.
Plataforma que ordena la teleconsulta de punta a punta: agenda de turnos, videollamada en el navegador y acceso por enlace de un solo uso enviado por mail, distinto para quien consulta, quien atiende y quien dispensa. Sin instalar nada, sin usuarios que recordar.
Un visor que reproduce cualquier sesión de Fórmula 1 sobre el trazado real del circuito: los autos moviéndose en el mapa y la tabla de posiciones ordenada por el GPS, para que la lista y el dibujo cuenten lo mismo — que es más difícil de lo que suena, porque el orden oficial sólo se emite cuando alguien cruza la meta. Al lado, un panel declara qué se pudo traer de esa sesión —paradas en boxes, sobrepasos, clima, grilla de largada, velocidad, marcha, freno— y avisa cuando el dato no existe, en vez de parecer roto. Todo en castellano, con una dirección propia por fecha, sesión y piloto.
Nuevo este mes: cada sesión se transmite en vivo por YouTube. No es la imagen de la carrera —ésa tiene dueño— sino la tabla de los veintidós autos con microsectores, parciales y paradas, pensada como segunda pantalla: la carrera en la tele, los números en el teléfono. El servidor programa las transmisiones del fin de semana a la mañana, las abre media hora antes con un reloj en pantalla, las relanza si se cortan y las cierra solo.
Cada quien carga a los suyos y el resto se deduce: adentro sólo se guardan padres y parejas, y de ahí salen calculados todos los demás parentescos, "tía abuela" incluido. Admite fechas incompletas —media historia familiar son años sueltos—, varias fotos por ficha, muestra quién más está mirando en ese momento y exporta contactos y cumpleaños al teléfono. Arranca sin contraseña a propósito: una barrera de entrada mata a un árbol familiar antes de que tenga tres ramas.
Recetas y explicaciones en un sitio estático, más las tres cosas que un sitio sin servidor no puede hacer solo: un contador, un panel para cargar medios y los audios de guía. Esas viven aparte, en el hosting, y el sitio las consume — la forma barata de que algo estático igual tenga memoria.
Nació como las reglas del Truco argentino explicadas en una web app simple: cómo se juega, los cantos y los puntajes. Parecía terminado, de esos proyectos que ya no piden nada.
Este mes dejó de explicar el juego y pasó a jugarlo: mesas de dos, cuatro o seis, con o sin flor y con pica-pica en las de seis, públicas o con clave, chat, revancha, rival de computadora para cuando no hay nadie e historial de partidas. Además quedó en la lista de lo que los agentes van a pulir de madrugada con el cupo sobrante de la semana (ver «Gestión»).
En octubre se mudó a su propio dominio y se puede entrar como invitado, sin registrarse.
Empezó en el cajón como un archivo con 94 preguntas; salió de ahí convertido en un entrenador completo para el examen de la Administración Pública Nacional, con sus tres ejes —comprensión lectora, razonamiento lógico-matemático y administración pública—: 186 preguntas con las oficiales incluidas, simulacro con reloj según el perfil, casos resueltos, repaso de los errores propios y un podcast para estudiar viajando.
La idea: que cada hincha tenga su butaca. Un estadio virtual por club, recorrido en 360° desde el centro de la cancha, con dos bandejas y decenas de miles de lugares; el zoom llega hasta la cara de quien ocupa cada asiento. La demo ya trae hinchas con cuerpo y camiseta, un buscador que lleva directo a una butaca, la asistencia fecha por fecha y el versus entre hinchadas — todo con datos de ejemplo. Corre a sesenta cuadros por segundo en una placa de video integrada, que era la condición para que exista.
En octubre dejó de ser demo: salió con dominio propio, registro por correo y la foto de cada hincha real en su butaca. Cada hinchada ficha su fecha, el versus se gana por aliento —presentes y cuánto empujó cada uno— y la tabla de las tribunas tiene su propia fase final, pegada al cuadro del torneo de verdad.
Un videowall con dieciséis señales argentinas en vivo en una grilla de cuatro por cuatro —TN, C5N, A24, LN+, Crónica, Canal 26, la TV Pública, el Senado, Diputados y los streamings de noticias—. Todas arrancan en silencio y suena la que se toca; un canal fuera del aire conserva su lugar con un cartel. Lo interesante para el narrador: el identificador del vivo de cada canal cambia cada vez que corta la transmisión, así que un proceso chico lo vuelve a averiguar cada diez minutos leyendo los datos del propio reproductor. Nada se graba ni se retransmite: cada recuadro es el reproductor oficial del canal. Tiene un segundo muro para los fines de semana de Fórmula 1, con los canales que relatan cada sesión.
Un catálogo al estilo de las plataformas pagas armado sólo con lo que se puede ver gratis: canales en vivo con la guía de qué programa está al aire, y películas, series, documentales, infantiles y programas completos. La regla que lo define es la de afuera: entra únicamente lo que su dueño publica completo en su canal oficial y deja embeber; lo que un tercero resubió, aunque esté a la vista, se queda afuera. Portada con filas por categoría, una ficha por título, buscador y «seguí viendo»; las señales de otros países se eligen aparte, con la Argentina siempre primero.
Salió del cajón: criterio y herramientas para el comercio electrónico en la Argentina. Qué producto tiene demanda, qué margen queda de verdad después de comisiones, envío e impuestos, y qué mirar antes de importar para revender. En el portal de contenidos se junta con las guías para traer mercadería de afuera: de dónde sale el producto y dónde termina vendido son las dos mitades de un mismo negocio.
Identifica «mesas testigo»: un puñado de mesas por distrito que desde 2011 vienen reproduciendo el resultado general. Con eso proyecta el resultado el mismo día de la elección, con los datos reales al lado de la proyección para que se vea cuánto acierta. Y suma el operativo: cada fiscal carga su mesa desde el teléfono y la central ve cómo se arma la proyección en vivo.
Venta de entradas para eventos privados —ciclos de música, fiestas, cenas, talleres— pensada a la escala de un club y no de un estadio. Hoy es la ticketera de una productora de ciclos acústicos: el club produce, la plataforma vende, manda un QR por entrada, controla la puerta y atiende los arrepentimientos.
Lo interesante está en el cobro. Se paga por transferencia, sin comisión para nadie, y lo que se pierde de confirmación instantánea se recupera de otra forma: el celular del comprador lee el comprobante en el propio navegador y el servidor lo cruza con los pagos que entraron a la cuenta, buscando el número de operación. Si coincide, la compra se confirma sola en segundos; si no, decide una persona mirando la cuenta. En la puerta, cada QR se usa una sola vez, la entrada se muestra aunque no haya señal y la pantalla del asistente se entera sola de que la escanearon.
Con más de sesenta proyectos, la herramienta más importante no es ninguno de ellos: es el aparato que decide en qué se trabaja, cuánto tiempo se le dedica y qué se archiva.
Un panel único muestra el estado de todo; al lado, una agenda de cierre lista cada decisión pendiente del portfolio con su contexto y su bitácora: qué se relanza, qué se archiva con honores, qué espera mejor momento. Nada queda flotando sin dueño.
En septiembre la agenda y la lista de tareas se fundieron en una sola, porque dos listas terminan contradiciéndose. Hoy tiene 35 tareas abiertas y 32 cerradas; las que se pueden comprobar solas —un puerto abierto, un sitio que responde— se verifican contra la realidad y se tachan sin que nadie las marque.
Cada proyecto en retoma recibe bloques de una hora asignados por agenda. De madrugada un agente toma el bloque que le toca, trabaja solo, ejecuta lo pendiente y deja el registro; a la mañana hay una revisión que decide si eso sigue, se archiva o cambia de turno. La dedicación se administra por día, por semana y por mes, como un gimnasio de proyectos.
Decenas de crons sostienen todo: monitoreo de DNS cada media hora, índices económicos diarios, respaldos, chequeos de salud, ejecuciones nocturnas. La regla es simple: si algo tiene que pasar dos veces, se programa y no se piensa más.
Los agentes trabajan con un cupo semanal que se renueva el sábado a la mañana, y lo que no se usa se pierde. Ahora un proceso lo mide cada hora; el jueves a la noche calcula cuánto va a sobrar y a qué hora hay que empezar a gastarlo, y la madrugada del sábado lanza sesiones de trabajo sobre una lista de proyectos elegidos, siempre dejando un diez por ciento libre para urgencias. Nada de eso se publica solo: cada proyecto se trabaja en una rama aparte y el sábado queda un resumen para revisar. Gastar todo lo que se paga, pero con una persona que firma al final.
Una vez al mes, un agente relee el inventario de proyectos, detecta lo nuevo y lo dado de baja, reescribe estas tarjetas y republica el sitio. Si estás leyendo algo que no existía el mes pasado, nadie lo tipeó: se contó solo.
Detrás de todo hay un home lab hablando con varias nubes. La infraestructura no se contrata: se entiende, se arma y se automatiza.
Un servidor Linux casero sirve todos los proyectos internos: servicios systemd, contenedores, proxy inverso con Caddy, tareas cron y backups. Silencioso y siempre encendido.
Relay RTMP propio: recibe dos cámaras de un iPhone (ruta y cabina) y las retransmite en vivo. Pensado para transmitir viajes en auto de miles de kilómetros.
Desde iOS 17, las herramientas de desarrollador del iPhone —memoria y CPU de cada proceso en vivo, «fotos» de lo que está ejecutando, el límite de memoria de una app— sólo se alcanzan por un túnel cifrado, y la herramienta oficial para abrirlo vive en la Mac. Acá quedó armado en Linux con software libre: un servicio que abre el túnel solo hacia cada teléfono, por cable o por Wi-Fi, y comandos de terminal que viajan por él.
Sirvió para destrabar una app que se cerraba sola: los reportes del teléfono decían que moría por pasar su límite de memoria, las «fotos» mostraron qué la hacía crecer, y levantarle el límite por un rato la dejó terminar. Lo que más enseñó fue lo que miente: una app sin símbolos muestra en sus reportes nombres de funciones que no son los suyos, y para comparar dos cuelgues hay que mirar la posición en el binario, no el nombre.
Un access point cuyo tráfico sale a internet por un túnel VPN en Estados Unidos: cualquier dispositivo que se conecte "está" en EE.UU. Nació para configurar hardware con bloqueo regional.
Cada cosa donde conviene: hosting compartido para los sitios, una VM en Oracle Cloud para los bots, Vercel para lo estático, GitHub Actions como fuerza de trabajo gratuita.
Un render de video se comió toda la memoria y dejó la máquina dura dos horas y media. Lo contraintuitivo es que nada la salvó: mientras quede caché para reciclar, el sistema prefiere reciclarla eternamente antes que matar al culpable, y así no llega a ejecutarse ni la consola para pedir auxilio. De ese susto salieron dos costumbres. Todo trabajo pesado corre encerrado con su propio techo de memoria; y un vigilante pasa cada diez minutos a levantar los servicios que se cayeron, que antes se quedaban muertos hasta el siguiente reinicio — y esta máquina pasa semanas sin reiniciarse.
Un escáner de diagnóstico de los más baratos enchufado al auto, leído por Bluetooth desde el servidor: revoluciones, temperatura del motor, tensión de la batería y los códigos de falla, guardados cada dos segundos en un panel propio. Todo el código está escrito alrededor de una señal mala —el enlace se abre y se cae solo—, así que reconecta en medio de la sesión y no inventa los datos que no llegaron: un hueco es información. Y el panel siempre dice de cuándo es la última lectura, porque un tablero que muestra el último valor sin aclarar que tiene diez minutos parece un auto andando que ya se apagó.
Todo esto se construyó de verdad y funciona — o quedó a un paso. Están en pausa a conciencia: la agenda de cierre las revisa una por una para decidir si se relanzan, se venden o se archivan con honores. Un cajón ordenado no es un cementerio.
Firma digital de documentos como servicio: alta, envío, firma y verificación. Next.js, Supabase, mails transaccionales.
Plataforma de programación y publicación de contenido en redes sociales, con planes pensados como negocio.
Publicar de una sola vez en Facebook, Instagram y Threads vía la API oficial, sin base de datos ni infraestructura.
Dado un nombre de marca, verifica y sugiere nombres de usuario disponibles en todas las redes.
Plataforma que explica a los argentinos en el exterior cómo votar: normativa, procedimientos y calendario. Despierta en cada elección. Ya tiene casa propia dentro del portal.
Una PWA conversora Baht–USD–ARS que funciona 100% offline y un mapa interactivo de actividades filtradas por zona.
PWA de seguimiento diario — comidas, síntomas, sueño, ánimo — con sincronización en la nube.
Un portal temático de Fórmula 1 armado sobre infraestructura gratuita. Se pisa con el visor de telemetría, así que espera turno: la decisión es que se sume al portal de contenidos como el sitio de un piloto argentino.
Propone posteos por mensajería, espera el visto bueno y publica lo aprobado. La parte difícil funciona; faltan las llaves de la mitad de las redes. En septiembre se apagó —no se borró—: la decisión fue publicar sólo en video.
Un teléfono viejo apuntando a una cama mide movimiento, luz y ruido para comparar noches entre sí. Guarda sólo números, nunca imagen ni sonido, y no da alarmas a propósito: el riesgo de algo así no es que falle, es que genere confianza.
Instructivo paso a paso para armar un asistente de WhatsApp con la API oficial de Meta, sin depender de terceros.
Acá también se muestra lo que no quedó. Cada una de estas tecnologías se investigó, se instaló y corrió de verdad antes de descartarse — y cada baja dejó un criterio nuevo. Descartar bien es una habilidad, no un fracaso.
Asistente de IA autoalojado que llegó a atender una línea de WhatsApp real en producción. Se dio de baja al simplificar la arquitectura: enseñó qué debe vivir junto y qué separado.
Modelos de lenguaje en el propio fierro. Se descartaron cuando la nube les ganaba en todo; volvieron después como "plan B" offline sobre la GPU. A veces descartar es solo pausar.
Un CLI que decidía, pregunta por pregunta, si respondía el modelo local o el de la nube según costo y dificultad. Murió con los modelos locales; la idea queda anotada.
El primer bot atendía solo. La versión actual invierte la idea: panel para humanos con el bot de asistente. A veces el aprendizaje es de producto, no de código.
Quince años de CMS: cada era enseñó por qué la siguiente es más simple. Los sitios nuevos son estáticos: más rápidos, sin nada que hackear ni actualizar.
Se probó un asistente de programación de otro proveedor para redactar en serie. Gastaba miles de fichas por pedido explicándose a sí mismo una tarea que no era programar. La herramienta no era mala: el trabajo era otro.
Docker y base de datos replicando producción para desarrollar. Se descartó: con respaldos serios, trabajar contra el servidor real resultó más simple y más honesto.
Herramientas elegidas por una sola razón: que el camino de la idea al sistema funcionando sea lo más corto posible.
Ningún proyecto de esta página empezó con un documento de requerimientos. Todos empezaron con una molestia o una curiosidad.
"¿Y si el Boletín Oficial se leyera solo?" "¿Y si el manual del auto se pudiera buscar?" Las ideas llegan como preguntas, no como specs.
Con agentes de IA como par de programación, la distancia entre la idea y algo que corre se mide en horas. Lo que no funciona, se descubre rápido.
Si sobrevive a la primera semana, se automatiza: cron, systemd, monitoreo. El sistema pasa a trabajar solo y a avisar cuando pasa algo.
Todo queda documentado en la memoria de los agentes y en el grafo de código. Los proyectos que se apagan dejan aprendizaje, no ruinas.