Esto no es el sitio de una persona ni de una empresa. Es el catálogo vivo de las ideas que corren en un servidor: sistemas con IA, automatizaciones que trabajan mientras nadie mira, productos web en producción y experimentos que todavía no saben lo que van a ser.
La idea rectora: la IA no es un chat para mirar, es mano de obra. Cada uno de estos sistemas usa modelos de lenguaje, voz o video para resolver un problema concreto, todos los días.
Portal de propiedades donde la búsqueda se hace conversando: la IA interpreta lo que la persona quiere y lo traduce a consultas sobre la base de datos real de la inmobiliaria.
Dos líneas automatizadas: un chatbot que atiende consultas desde el botón del sitio, y un panel compartido donde los agentes humanos toman la conversación cuando hace falta. Bot y humano conviven.
El servidor se opera conversando: agentes de IA con memoria persistente y "skills" propias despliegan, migran DNS, monitorean y documentan. Esta página es obra de uno de ellos.
Cada día, un proceso lee las tendencias de búsqueda y video de Argentina y redacta prompts listos para generar clips animados con modelos de video generativo.
De la tendencia del día a un video de diez minutos, sin manos: escribe el guion, lo narra con voz sintética, le busca imágenes de bancos de uso libre, le incrusta subtítulos y lo deja listo para publicar. El motor que redacta es intercambiable y cae en cascada —si el primero se quedó sin cupo entra el siguiente— porque el aprendizaje del mes fue ese: una herramienta sin crédito no falla, se cuelga, y un proceso que espera para siempre es peor que uno que se rompe.
Editor en el navegador: se sube un clip, se recorta, la voz se transcribe con Whisper y se exporta con subtítulos incrustados. Sin instalar nada.
Los 27 proyectos del servidor indexados en un grafo de ~14.800 nodos: funciones, clases y sus relaciones, navegables desde el navegador. El mapa del territorio — y la animación que viste arriba.
Sistemas que corren solos, por cron o por eventos, y avisan cuando encuentran algo. La mayoría nació de una pregunta simple: "¿y si esto se revisara solo?"
Lee el Boletín Oficial todos los días, detecta licitaciones y normas que pueden ser oportunidades de consultoría, y las manda por mail. Un lector incansable de letra chica.
Arreglado este mes: el Boletín a veces publica tarde y mientras tanto contesta con una página vacía, sin dar error. Ahora se lo reintenta varias veces por día y una marca por fecha asegura que el correo salga una sola vez. Distinguir "todavía no está" de "está roto" era la mitad del trabajo.
Sigue la evolución del ICC (INDEC) y estima el valor del m² de construcción en pesos y dólares, con datos oficiales actualizados automáticamente.
No hace ping: abre los sitios con un navegador de verdad (Playwright) desde GitHub Actions, como un visitante humano, y registra el resultado en un panel propio.
Y por abrirlos como un humano también ejecutaba las etiquetas de publicidad y analítica: en treinta días se había anotado 20.444 páginas vistas propias contra 82 visitas de personas de verdad. Los anuncios ahora sólo cargan si del otro lado no hay un navegador automatizado. Medir algo puede ensuciarlo.
La versión pública y liviana de la idea anterior: cualquiera le pasa la dirección de su sitio a un bot de mensajería y Vigía la mira cada cinco minutos. Si deja de responder avisa, y vuelve a avisar cuando se recupera. No pide registro, contraseña ni correo —el identificador es la propia conversación, así que no se guarda ningún dato de nadie— y sólo escribe cuando algo cambia: un monitor que habla todos los días se silencia a la semana.
Los datos de una carrera de Fórmula 1 dejan de emitirse unos veinte minutos después de la bandera a cuadros, pero los comisarios siguen resolviendo mucho después: sanciones, apelaciones, interpretaciones del reglamento. Un proceso horario busca esos documentos en el sitio de la federación, los traduce del inglés y publica cada uno junto al original en PDF. Van 91 en lo que va del año — decisiones que, si no se las va a buscar, no aparecen en ningún lado.
Plataforma completa de paper trading: recolector de mercado, generación de señales, ejecución simulada y un auto-tuner que recalibra la estrategia cada hora. Aprende sin arriesgar.
Respaldo completo y extracción de fotos de varios iPhones, disparado a demanda o por agenda, directo al almacenamiento del servidor. Cientos de gigas que se cuidan solos.
Plataforma propia para medir: campañas, series que repiten la misma pregunta en el tiempo, seguimiento de leído, clic y respondido, baja en un solo clic y lectura automática de los rebotes. Los envíos salen dosificados y al azar para no atropellar los límites del correo — mandar bien es un problema de ingeniería, no un botón.
Contactos normalizados desde distintas fuentes en una base única, con búsqueda y exportación. Sin suscripciones, sin límites artificiales: una tabla bien hecha.
Sitios y herramientas en producción real: comercios, instituciones, un manual técnico rescatado del papel y plataformas que atienden gente todos los días.
El manual completo de un Dodge Coupé clásico, extraído de PDFs escaneados y convertido en un sitio moderno con búsqueda de texto completo. Preservación digital con motor de búsqueda.
Varios sitios de rubros distintos —consultoría, inmobiliaria, comercio, educación— viviendo en el mismo hosting y operados desde un solo lugar: dominios, certificados, respaldos y despliegues. Un solo operador para toda la flota, que es la única forma de que no se caiga ninguno.
El sitio de una inmobiliaria real, entero: buscador con filtros, fichas de propiedad que se descargan en PDF, páginas propias por barrio y por zona de costa, y un chat comercial que entiende la consulta y la deriva al agente que corresponde según zona y tipo de operación. Se instala en el teléfono como app. Detrás, un CRM propio donde toda persona —dueño, inquilino, garante, interesado— es un mismo registro con su historial de conversaciones.
La casa digital de una consultora de investigación con más de doce años de trabajo: programas de gestión pública financiados por organismos multilaterales de crédito, ejecutados en varios países de la región. El sitio ordena esa trayectoria —programas, publicaciones, registros de proveedores— para que se pueda recorrer sin que nadie tenga que explicarla.
Un sitio usado como banco de pruebas: guías largas y detalladas, producidas en serie y optimizadas para búsqueda, con una apuesta concreta detrás — que el tráfico orgánico se convierta en ingreso pasivo. La pregunta que responde no es si se puede escribir a escala, sino si eso llega a sostenerse solo.
Este mes dejó de ser un gestor de contenidos y pasó a ser un sitio estático que se arma de un tirón y se sube entero; y de paso se convirtió en el domicilio de los demás: los proyectos que vivían sueltos en direcciones prestadas se mudan de a uno a su propia carpeta acá adentro. Un dominio que alguien conoce vale más que ocho que no conoce nadie.
Reemplazo de sitios pesados por versiones estáticas, rápidas y sin mantenimiento: mismo contenido, una fracción del peso, cero base de datos que hackear.
Generador de borradores para publicaciones de marketplace: título, bullets, descripción y recomendaciones SEO, listos para revisar antes de publicar.
Plataforma que ordena la teleconsulta de punta a punta: agenda de turnos, videollamada en el navegador y acceso por enlace de un solo uso enviado por mail, distinto para quien consulta, quien atiende y quien dispensa. Sin instalar nada, sin usuarios que recordar.
Un visor que reproduce cualquier sesión de Fórmula 1 sobre el trazado real del circuito: los autos moviéndose en el mapa y la tabla de posiciones ordenada por el GPS, para que la lista y el dibujo cuenten lo mismo — que es más difícil de lo que suena, porque el orden oficial sólo se emite cuando alguien cruza la meta. Al lado, un panel declara qué se pudo traer de esa sesión —paradas en boxes, sobrepasos, clima, grilla de largada, velocidad, marcha, freno— y avisa cuando el dato no existe, en vez de parecer roto. Todo en castellano, con una dirección propia por fecha, sesión y piloto.
Cada quien carga a los suyos y el resto se deduce: adentro sólo se guardan padres y parejas, y de ahí salen calculados todos los demás parentescos, "tía abuela" incluido. Admite fechas incompletas —media historia familiar son años sueltos—, varias fotos por ficha, muestra quién más está mirando en ese momento y exporta contactos y cumpleaños al teléfono. Arranca sin contraseña a propósito: una barrera de entrada mata a un árbol familiar antes de que tenga tres ramas.
Recetas y explicaciones en un sitio estático, más las tres cosas que un sitio sin servidor no puede hacer solo: un contador, un panel para cargar medios y los audios de guía. Esas viven aparte, en el hosting, y el sitio las consume — la forma barata de que algo estático igual tenga memoria.
Las reglas del Truco argentino explicadas en una web app simple: cómo se juega, los cantos y los puntajes. Terminada, estable y online — de esos proyectos que ya no piden nada.
Con casi sesenta proyectos, la herramienta más importante no es ninguno de ellos: es el aparato que decide en qué se trabaja, cuánto tiempo se le dedica y qué se archiva.
Un panel único muestra el estado de todo; al lado, una agenda de cierre lista cada decisión pendiente del portfolio — hoy son 16 — con su contexto y su bitácora: qué se relanza, qué se archiva con honores, qué espera mejor momento. Nada queda flotando sin dueño.
Cada proyecto en retoma recibe bloques de una hora asignados por agenda. De madrugada un agente toma el bloque que le toca, trabaja solo, ejecuta lo pendiente y deja el registro; a la mañana hay una revisión que decide si eso sigue, se archiva o cambia de turno. La dedicación se administra por día, por semana y por mes, como un gimnasio de proyectos.
Decenas de crons sostienen todo: monitoreo de DNS cada media hora, índices económicos diarios, respaldos, chequeos de salud, ejecuciones nocturnas. La regla es simple: si algo tiene que pasar dos veces, se programa y no se piensa más.
Una vez al mes, un agente relee el inventario de proyectos, detecta lo nuevo y lo dado de baja, reescribe estas tarjetas y republica el sitio. Si estás leyendo algo que no existía el mes pasado, nadie lo tipeó: se contó solo.
Detrás de todo hay un home lab hablando con varias nubes. La infraestructura no se contrata: se entiende, se arma y se automatiza.
Un servidor Linux casero sirve todos los proyectos internos: servicios systemd, contenedores, proxy inverso con Caddy, tareas cron y backups. Silencioso y siempre encendido.
Relay RTMP propio: recibe dos cámaras de un iPhone (ruta y cabina) y las retransmite en vivo. Pensado para transmitir viajes en auto de miles de kilómetros.
Un access point cuyo tráfico sale a internet por un túnel VPN en Estados Unidos: cualquier dispositivo que se conecte "está" en EE.UU. Nació para configurar hardware con bloqueo regional.
Cada cosa donde conviene: hosting compartido para los sitios, una VM en Oracle Cloud para los bots, Vercel para lo estático, GitHub Actions como fuerza de trabajo gratuita.
Un render de video se comió toda la memoria y dejó la máquina dura dos horas y media. Lo contraintuitivo es que nada la salvó: mientras quede caché para reciclar, el sistema prefiere reciclarla eternamente antes que matar al culpable, y así no llega a ejecutarse ni la consola para pedir auxilio. De ese susto salieron dos costumbres. Todo trabajo pesado corre encerrado con su propio techo de memoria; y un vigilante pasa cada diez minutos a levantar los servicios que se cayeron, que antes se quedaban muertos hasta el siguiente reinicio — y esta máquina pasa semanas sin reiniciarse.
Todo esto se construyó de verdad y funciona — o quedó a un paso. Están en pausa a conciencia: la agenda de cierre las revisa una por una para decidir si se relanzan, se venden o se archivan con honores. Un cajón ordenado no es un cementerio.
Firma digital de documentos como servicio: alta, envío, firma y verificación. Next.js, Supabase, mails transaccionales.
Plataforma de programación y publicación de contenido en redes sociales, con planes pensados como negocio.
Publicar de una sola vez en Facebook, Instagram y Threads vía la API oficial, sin base de datos ni infraestructura.
Dado un nombre de marca, verifica y sugiere nombres de usuario disponibles en todas las redes.
Criterio y herramientas para e-commerce en Argentina: validar productos, calcular margen real, planificar campañas.
Plataforma que explica a los argentinos en el exterior cómo votar: normativa, procedimientos y calendario. Despierta en cada elección.
Identifica "mesas testigo" con datos históricos 2011–2023 y proyecta resultados el mismo día de la elección.
94 preguntas de opción múltiple sobre normativa del empleo público argentino, en un HTML autocontenido.
Una PWA conversora Baht–USD–ARS que funciona 100% offline y un mapa interactivo de actividades filtradas por zona.
PWA de seguimiento diario — comidas, síntomas, sueño, ánimo — con sincronización en la nube.
Un portal temático de Fórmula 1 armado sobre infraestructura gratuita. Se pisa con el visor de telemetría, así que espera turno: fusionarse con él o archivarse con honores.
Propone posteos por mensajería, espera el visto bueno y publica lo aprobado. La parte difícil funciona; faltan las llaves de la mitad de las redes.
Instructivo paso a paso para armar un asistente de WhatsApp con la API oficial de Meta, sin depender de terceros.
Acá también se muestra lo que no quedó. Cada una de estas tecnologías se investigó, se instaló y corrió de verdad antes de descartarse — y cada baja dejó un criterio nuevo. Descartar bien es una habilidad, no un fracaso.
Asistente de IA autoalojado que llegó a atender una línea de WhatsApp real en producción. Se dio de baja al simplificar la arquitectura: enseñó qué debe vivir junto y qué separado.
Modelos de lenguaje en el propio fierro. Se descartaron cuando la nube les ganaba en todo; volvieron después como "plan B" offline sobre la GPU. A veces descartar es solo pausar.
Un CLI que decidía, pregunta por pregunta, si respondía el modelo local o el de la nube según costo y dificultad. Murió con los modelos locales; la idea queda anotada.
El primer bot atendía solo. La versión actual invierte la idea: panel para humanos con el bot de asistente. A veces el aprendizaje es de producto, no de código.
Quince años de CMS: cada era enseñó por qué la siguiente es más simple. Los sitios nuevos son estáticos: más rápidos, sin nada que hackear ni actualizar.
Se probó un asistente de programación de otro proveedor para redactar en serie. Gastaba miles de fichas por pedido explicándose a sí mismo una tarea que no era programar. La herramienta no era mala: el trabajo era otro.
Docker y base de datos replicando producción para desarrollar. Se descartó: con respaldos serios, trabajar contra el servidor real resultó más simple y más honesto.
Herramientas elegidas por una sola razón: que el camino de la idea al sistema funcionando sea lo más corto posible.
Ningún proyecto de esta página empezó con un documento de requerimientos. Todos empezaron con una molestia o una curiosidad.
"¿Y si el Boletín Oficial se leyera solo?" "¿Y si el manual del auto se pudiera buscar?" Las ideas llegan como preguntas, no como specs.
Con agentes de IA como par de programación, la distancia entre la idea y algo que corre se mide en horas. Lo que no funciona, se descubre rápido.
Si sobrevive a la primera semana, se automatiza: cron, systemd, monitoreo. El sistema pasa a trabajar solo y a avisar cuando pasa algo.
Todo queda documentado en la memoria de los agentes y en el grafo de código. Los proyectos que se apagan dejan aprendizaje, no ruinas.